LOS ANIMALES DE LAS GUERRAS

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Es posible que muchas personas pongan “el grito en el cielo” ante este pensamiento, pero cuando veo todas las guerras y catástrofes que provocan los seres humanos y que día a día nos deparan los medios de comunicación, no puedo menos que pensar en los animales de los países en guerra.

Sí, en los animales, algunos dirán, ¿y los niños qué? Dentro de la tremenda desgracia que supone una guerra, a los niños se les atiende en campamentos de refugiados proporcionándoles comida y cuidados, aunque esto sea una pobre caridad para quienes lo han perdido todo; más aún sufren los adultos que son conscientes de su desgracia y su incierto futuro.

Pero, ¿y los animales? Seguramente esas pobres gentes desplazadas de sus hogares dejaron atrás sus cabras, gallinas, ovejas, cerdos, caballos… que vagarán hambrientos y sin rumbo aterrados por el fragor de los disparos y explosiones, tal vez muchos tenían sus animales de compañía, perros y gatos, a los que querían, y no se les permitió traer con ellos al campamento de refugiados, quedando abandonados a su suerte.

En el primer conflicto de la guerra de Yugoslavia, unas imágenes me sobrecogieron, una niña sentada entre los escombros lloraba agarrada a su pequeño perro muerto a balazos. Todos recordamos aquél cormorán agonizante, empapado en petróleo durante la guerra del Golfo. Y los animales de los zoos de las ciudades sitiadas, como el de Belgrado, para los que ya no había comida. Los gorilas de Burundi desplazados, y muchos de ellos muertos por las guerras tribales, entre hutus y tutsis.

Quienes hayan leído “Kaput”, que describe los horrores de la 2ª Guerra Mundial, no podrán olvidar la descripción que su autor hace de una manada de caballos que, obligados a cruzar un lago, quedaron atrapados ya que el agua se congeló antes de que alcanzaran la otra orilla, murieron todos con el agua helada hasta su cuello, ofreciendo el espectáculo de docenas de cabezas implorando al cielo.

Y los perros, que hace no muchos años empleaba el ejército israelí como kamikazes, con explosivos atados a su cuerpo, y que eran lanzados contra las filas palestinas.

Los animales no hacen las guerras, pero son también víctimas de ellas, y los más olvidados, creo que merecen este recuerdo.

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